
Chen, X., Kim, H., Xu, Z., & Yoon, J. (2010). Sensors fot the optical detection of cyanide ion . (R. Eagling, Ed.) Chemical Society Reviews , 39 (1), 127-137.
Blog de cursos y estudiantes de Químicas del Departamento de Ciencias Quimico-Biológicas en la Universidad de las Américas Puebla.

Chen, X., Kim, H., Xu, Z., & Yoon, J. (2010). Sensors fot the optical detection of cyanide ion . (R. Eagling, Ed.) Chemical Society Reviews , 39 (1), 127-137.

Cho, A. (29 de Octubre de 2010). Science Now. Recuperado el 2010, de http://news.sciencemag.org/sciencenow/2010/10/scienceshot-and-the-winner-is.html?ref=hp
Since the 1950s, scientists have thought that as Earth congealed from the primordial cloud of dust and gases that also formed the sun and other planets, it trapped some of those gases within its mantle. Then, over hundreds of millions of years, volcanic eruptions returned the gases to Earth's surface, where gravity kept them from drifting off into space. The mixing of these gases--along with the oxygen and other molecules added by life--created the atmosphere we have today.
A reasonable idea, at least until researchers began collecting samples from the New Mexico wells several years ago. Their original purpose was to study the pristine bubbles of volcanic gases trapped underground for billions of years. These bubbles had never made it to the surface before and therefore remained uncontaminated by the modern atmosphere. In particular, the researchers were studying the isotope ratios--or the comparative abundances of the different forms of a particular element--of the gaseous elements krypton and xenon.
The krypton and xenon isotope ratios in the gas samples provided a surprising result: They did not match the ratios found in the primordial cloud that spawned the solar system. Those ratios persist today in the solar wind and have been measured by satellites. Instead, they matched the ratios contained within certain types of meteorites that formed 4.5 billion years ago at the beginning of the solar system, which have been measured from meteorites that have landed on Earth. The conclusion, the team reports today in Science, is that part of Earth's atmosphere must have arrived after the planet had fully formed--possibly carried by comets that hit the planet and whose ice would have evaporated upon impact, leaving water vapor and traces of krypton, xenon, and other elements in the atmosphere.
"This was an unexpected find," says isotope geochemist and co-author Christopher Ballentine of the University of Manchester in the United Kingdom. "The first gases captured by the Earth and trapped in its interior cannot [have contributed] to the gases now in the atmosphere," he says. "This means the atmosphere arrived far later than expected." To confirm that comets contributed to the atmosphere, scientists will need to analyze the krypton and xenon isotope ratios in the cometary samples recently captured by NASA's Stardust mission, says geochemist and lead author Greg Holland, also at Manchester.
The data the researchers have collected on the krypton and xenon isotope ratios are "superb," says physicist Bob Pepin of the University of Minnesota, Twin Cities. "They're of a quality not seen before." But Pepin notes that when early Earth was struck by the cataclysmic impact that resulted in the formation of the moon, primordial gases in the mantle could have been completely released to the atmosphere, leaving behind no evidence that they had ever existed there. So until new work can model the exact process involved, Pepin says, "the jury will probably stay out."
Berardelli, P. (10 de Diciembre de 2009). Science Now. Recuperado el 5 de Septiembre de 2010, de http://news.sciencemag.org/sciencenow/2009/12/10-02.html?ref=hp
Recientemente la investigación relacionada con el estudio de nanomateriales electroconductores ha tenido un avance considerable. Masashi Hasegawa y Masahiko Iyoda, de la Universidad de Kitasato en Japón, se han dedicado a dicho estudio durante los últimos años. La investigación se ha concentrado primordialmente en encontrar nanofibras, nanorods y otras nanoestructuras capaces de funcionar como conductores utilizando, sobre todo, sistemas
Las nanofibras y nanorods conductores se construyen mediante un proceso de dopaje de donadores-
Durante las últimas décadas, se ha llevado a cabo una investigación extensiva tanto en química como física para encontrar moléculas conductoras orgánicas y materiales poliméricos con interés científico y comercial. Entre ellos, conductores moleculares construidos por la combinación de donadores y aceptores orgánicos se clasifican como conductores orgánicos de baja dimensión. La alta conductividad de los conductores moleculares generalmente se origina de una estructura
Reducir los parámetros dimensionales de conductores moleculares de su estructura tridimensional (3D) del cristal a su apilamiento unidimensional (1D) ha atraído recientemente una gran atención; desde que dicho progreso podría proporcionar nanofibras y nanorods funcionales. Las nanofibras y los nanorods funcionales son dos de los materiales clave en las nano-ciencias avanzadas.
Actualmente un número muy grande de interesantes comportamientos ópticos y electrónicos dirigidos hacia estructuras conductoras 1D para aplicaciones de dispositivos han sido reportadas. Basadas en este desarrollo, la construcción de nanofibras y nanorods conductores ha sido también concluida para realizar fibras orgánicas metálicas y rods que puedan ser utilizados para cables eléctricos a escala nano. En el estado actual, las nanofibras orgánicas y los nanorods funcionan como semiconductores. Para realizar conductividad metálica y superconductividad, se necesita más estudio en la fabricación de un apilamiento muy cercano del estado iónico con fuertes correlaciones. Si se puede tomar una verdadera ventaja de estos innovadores sistemas, será tan sólo una cuestión de tiempo antes de que nanofibras y nanorods conductores encuentren funciones en dispositivos ampliamente utilizados.
Hasegawa, M., & Iyoda, M. (2010). Conducting supramolecular nanofibers and nanorods. (R. Eagling, Ed.) Chemical Society Reviews , 39 (7), 2420-2427.
Los científicos de Aberdeen están estudiando el potencial de los organismos marinos, como fuente de nuevos compuestos químicos, que puedan utilizarse para desarrollar nuevos tratamientos para el cáncer, la inflamación, la infección y las enfermedades parasitarias. La búsqueda de nuevos compuestos naturales se hace necesaria, porque la naturaleza nos da una mayor diversidad química de la que los investigadores pueden obtener, señala Rainer Ebel, profesor de Aberdeen en el Marine Biodiscovery Center. "La naturaleza es el químico más creativo", y añade, "seguimos encontrando nuevas plantillas naturales que los productos químicos sintéticos tratan de mejorar."
Cuando se descubren candidatos prometedores, los científicos deben identificar la estructura de estos compuestos con el fin de determinar si son viables para su utilización en el desarrollo de fármacos. Este enfoque ha tenido éxito, en particular, cuando los investigadores extrajeron un compuesto, a finales de la década de 1960 y principios de 1970, entonces desconocido, de la corteza de un tronco de árbol del Pacífico, que resultó ser un ingrediente clave del fármaco anticancerígeno Taxol.
Cada átomo de carbono e hidrógeno de una molécula tiene una frecuencia definida en el espectro de la RMN que utilizan los científicos para determinar cómo el hidrógeno y los átomos de carbono están unidos entre sí. La escasez de átomos de hidrógeno de las muestras de D. abyssi sp. nov., significó que la RMN no pudo proporcionar a los investigadores de Aberdeen la información suficiente para resolver el misterio. En cambio, los esfuerzos de los científicos les dejó con cuatro estructuras potenciales, ninguna de los cuales se pudo descartar sólo por los datos de la RMN. La única posibilidad que restaba para encontrar la estructura correcta, hubiera sido tomar una síntesis química de las estructuras propuestas, una tarea muy compleja que puede tardar varios meses.
"Básicamente, sabíamos lo que había en la esquina inferior izquierda y en superior derecha de la molécula, pero no podíamos conectar las dos partes", manifestó Ebel. Era como resolver un rompecabezas sin el beneficio de una foto con el producto acabado.
Los investigadores tuvieron suerte el año pasado, cuando la esposa de Marcel Jaspars, director del MBC (Marine Biodiscovery Center), recordó un artículo de agosto de 2009, que ella había leído en el Daily Mail de Londres, acerca del equipo de IBM Research, donde científicos de Zurich habían utilizado una modificación del microscopio de fuerza atómica (AFM) para crear una imagen que revelaba todos los enlaces de una molécula individual. Una de las imágenes que acompañan al artículo del Daily Mail mostraba las formas hexagonales de cinco anillos de carbono, así como las posiciones de los átomos de hidrógeno en torno a estos anillos. Jaspars puso manos a la obra y al día siguiente contactó con el investigador principal de IBM, Leo Gross. Jaspars envió a Gross una muestra del misterioso compuesto de Aberdeen, el cual IBM empezó a examinar en el mes de enero.
El AFM utiliza una punta afilada para medir las pequeñas fuerzas que existen entre la punta y la muestra, como la de una molécula, para crear una imagen. Para que el AFM tome una imagen de la estructura química de una molécula, la punta ha de estar extremadamente cerca de la molécula, a menos de un nanómetro. Para ello, los científicos de IBM aumentaron la sensibilidad de la punta añadiéndole moléculas de monóxido de carbono (CO) a la misma. Cuando se acercaron lo suficiente a la muestra, la punta de CO, cubierta de sensitivas y diminutas fuerzas repulsivas, ayudaron a revelar la estructura química de la molécula a escala atómica. "Sería comparable con el aumento de resolución en una pantalla de ordenador, haciendo los píxeles más pequeños", comentaba Jaspars.
"Normalmente no uso el AFM porque la resolución no es lo suficientemente buena", apunta Jaspars. Antes de su afinado por IBM del AFM, se utilizaba para analizar las proteínas, mucho más grandes que las muestras que Jaspars y Ebel necesitaban estudiar.
A finales de febrero, los investigadores de IBM, ya habían descubierto la identidad de la susodicha sustancia misteriosa, se trataba de la conocida cephalandole A, un compuesto que había sido originalmente aislada de las orquídeas taiwanesas. Este proceso de identificación lo describen los investigadores el 1 de agosto en la revista Nature Chemistry, fue la primera vez que se utilizó esta tecnología modificada por IBM, para determinar la estructura de una molécula desconocida. La molécula sobre la que se escribía en el artículo del Daily Mail era el pentaceno, una sustancia utilizada comúnmente en las células solares.
La cephalandole A ha demostrado estar inactiva en la mayoría de los tests que los investigadores de Aberdeen han llevado a cabo hasta ahora, aunque todavía hay más pruebas que están en marcha, señala Jaspars. Al final, la prueba tecnológica de IBM parece ser el aspecto más significativo de la investigación.
Se necesitarán años antes de que la técnica de IBM se convierta en rutinaria, sobre todo porque ya está a tiempo intensivo, requiriendo investigadores que preparen la aguja y las muestras para el AFM. Colocar una muestra en la superficie de la AFM no es asunto trivial, ni está pensado para medidas normales. Sin embargo, el trabajo realizado por IBM, así como el de Culver City, California, Nanogea, Inc. (creando una capa de nanopartículas para mejorar la precisión de las sondas de AFM y sustratos), es crucial la ampliación de la capacidad para estudiar las estructuras moleculares.

NEODIMIO ¡no te lo pierdas!