Friday, August 26, 2011

El México de la inmoralidad



Terrible es siempre la muerte. De una persona o de 62, como ocurrió ayer en Monterrey. Tal vez varios de los fallecidos no eran apostadores compulsivos, sino curiosos ocasionales que tuvieron la mala fortuna -irónico en un lugar en donde se acude en busca de mejorar la suerte- de estar en el lugar equivocado, el día y la hora erróneas.

Un análisis frío de lo ocurrido en el Casino Royal de Monterrey:

a) era un lugar de apuestas que, aunque en zona elegante y pudiente, tenía una situación ilegal;

b) dentro de esa ilegalidad, el gobierno estatal y municipal solaparon su funcionamiento;

c) en México, cualquiera de estos giros negros sirve para lavar dinero, venta de drogas, trata de personas;

d) en el lugar habían menores de edad;

e) corrupción, ilegalidad, piratería, tráfico de estrupefacientes, la mezcla del desastre.

Repito, lamentable lo que ocurrió, pero mientras todos los ingredientes que mencioné continuen en varias partes de nuestro país, seguiremos viendo este tipo de hechos de sangre. Y los encontramos en numerososo sitios: en empresas (públicas y privadas), en sindicatos (de maestros, de petroleros, de electricistas, de trabajadores de la salud, de obreros y campesinos, de todo), en universidades (públicas y privadas), en moteles de paso y en "salones de baile" (mejor conocidos como Table Dances, Men's Clubs), en sitios de apuestas (legalizados en la época de Santiago Creel cuando secretario de gobernación, y hoy convertidos en lavaderos de dinero ilegal -narco, trata de personas, desvío de impuestos, venta de armas...-).

Que el Presidente Calderón el día de hoy apunte con el dedo flamígero hacia Estados Unidos y les acuse de no estar atacando el origen de todo el problema (el consumo de drogas en su población y la venta irrestricta e ilegal de armas que terminan en manos de los ejercitos del narco), aunque valeroso -pero tardío- no es suficiente. El problema es cultural, muy de fondo, casi idiosincrático. Nos encanta encontrar en el gobierno la causa de todos nuestros males, y su ineficiencia total no ayuda a verlo de otra forma. Pero también nosotros somos culpables. Somos culpables al tolerar, premiar, realizar aunque sea los más mínimos actos de impunidad, corrupción e ilegalidad. Hasta los más mínimos. Tan inmoral es un servidor público embolsándose hasta las ligas con dinero que compra conciencias y contratos de obras, como lo es el peatón que atraviesa por la mitad una calle, o el automovilista rebasando por la derecha, estacionándose en doble fila o en sitio reservado o que da vuelta en zona prohibida o se pasa un alto. Inmoral es el que tira la colilla del cigarrillo en la acera, o la bolsa de papas en la coladera. Inmoral es el que acusa al gobierno de ineficiente en la lucha contra el narco, pero acepta que su hermano, amiga o conocido consuma marihuana, pues es "una droga social, inócua". Inmoral el empresario que ahorra gastos retirando contratos justos a sus trabajadores, dando bonos en vez de salarios apropiados para ahorrarse impuestos, que hace reingeniería de la planta laboral para maximizar las ganancias. Inmoral el líder sindical que negocia con el jefe o el gobierno en perjuicio (y hasta en beneficio) de sus agremiados, que se enriquece con las cuotas y promete/regala apoyos a cambio de prebendas políticas. Inmoral la maestra o maestro que, careciendo de amor y vocación por la enseñanza, se mueve entre las jerarquias educativas en busca del bono extra, el mínimo esfuerzo. Inmoral el jefe que, abusando del poder y la confianza, crea redes para perpetuarse beneficios, expulsa a sus opositores, aplasta cualquier indicio de pensamiento independiente y recto. Inmoral, inmoral, inmoral.

En el país de la inmoralidad, la mediocridad y el cangrejismo, hechos violentos y de terror como el de ayer en Monterrey, no tienen otro destino y futuro mas que su multiplicación. Y la justicia, sumergida en el oceano de la impunidad y el servilismo, probablemente naufragará en la búsqueda de su aplicación.

Pobre México.

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